Vistas de página en total

viernes, 14 de noviembre de 2014

SICILIA-00: SALVE, SICILIA!




Nuestro (de C, mi esposa y mío) VIAJE A SICILIA, preparado con tanto esfuerzo y cariño, se desarrolló entre los días 11 y 26 de octubre de 2014. Al margen de relatar un resumen del mismo en este Bloc, que llegará poco a poco en las siguientes hojas, quisiera plasmar en ésta una serie de matices y detalles que nos parecieron significativos o interesantes en nuestro periplo siciliano.

La SEGURIDAD nos acompañó durante todo el viaje. Palermo y el resto de poblaciones que visitamos y donde pernoctamos no presentaron problemas en ese sentido. Tan solo en Catania, la policía nos recomendó que no fuéramos por la noche a algún local de la zona del Mercado del Pescado.




El TRÁFICO vehicular de Palermo debe ser desmitificado. Es verdaderamente terrible pero dista mucho de ser el caos como lo definía una bloguera al equipararlo con el de El Cairo. Esta ciudad, junto con alguna de la India (hasta donde yo conozco), no tiene punto de comparación. Ni siquiera es el más congestionado de Europa (empatado con Marsella, está por detrás de Moscú, Estambul y Varsovia). Es cierto que en Sicilia los intermitentes están de sobra; que la gente aparca donde quiere/puede; que las glorietas exigen una cierta dosis de paciencia mezclada con temeridad; que se puede dejar el coche en medio de la calle, bloqueándola con decenas de vehículos, pendientes de una gestión del conductor; que las motocicletas se meten por los sitios más inverosímiles (y peligrosos); que… Pero no es menos cierto que los conductores ponen todos los sentidos en la conducción y van cargados de una dosis de paciencia mucho mayor que la que aparentan; que si, en un momento determinado, pides oxígeno te lo dan; que, igualmente, te agradecen que les facilites el paso; que lo ceden a los peatones (a los decididos, eso sí) y que detienen el coche, bajan la ventanilla y te indican, gesticulando a tope, cuando les preguntas “Corso Victtorio Emanuele?”. El siciliano no aplica la máxima “piensa en los demás” cuando está jodiendo a una fila de conductores, la aplica cuando él está jodido: maletas de paciencia y comprensión (pocas úlceras).








Cuando se trata del INTERURBANO la cosa es menos dura, en general, (siempre están los días punta), pero el siciliano mantiene siempre el prurito de habilidad y celeridad. Debe conocer la situación de los radares porque se salta sistemáticamente los límites de velocidad y adelanta en cualquier circunstancia (señal horizontal y/o vertical de prohibición o doble línea continua), incluso si viene alguien de frente, si la anchura de la carretera lo permite. Cuando yo veía a alguien utilizando los intermitentes sabía que se trataba de un no indígena. A su favor: después de más de 2000 km., y aunque no sea significativo, solo supimos de un accidente: un camión que volcó en una glorieta (presumiblemente excesiva velocidad y desplazamiento de la carga).






Las AUTOPISTAS, con una longitud aproximada de 650 km., cumplen una gran misión en Sicilia. Y más de la mitad no sean de peaje. La calidad de las mismas es variable: hay tramos impecables de trazado, firme, señalización, servicios…, mientras hay otros muy, muy tristes (por ejemplo, existen carriles cerrados por obras durante años –crece la hierba en ellos-). Hay que destacar el desorbitado número de viaductos existentes en el trazado (crean molestias por causa de la cantidad y baja calidad de las juntas de dilatación). Entre éstos y los túneles sobrepasan, estoy convencido, el 60% del total del kilometraje. Se comenta que el motivo reside en el particular interés de las centrales de hormigón, controladas, al parecer, por la Mafia (¿?).


La SEÑALIZACIÓN, en la extensa red de carreteras de la isla, es deficitaria en bastantes casos y también deficiente. No es nada extraño que, saliendo de la autopista y de las carreteras muy importantes, tomes una vía siguiendo la indicación de un destino concreto y que, al cabo de dos cruces, no sepas si continúas hacia tu objetivo y mucho menos en qué carretera estás. Hay provincias mejor señalizadas, pero otras… Es descorazonador que, buscando confirmación de que vas en buen camino, te encuentres un poste con tropecientas señales de hoteles, gelaterías, restaurantes… y nada de las Ruinas X. Lo peor es el caso de las glorietas, incluso en carreteras de primer orden, que no presentan panel informativo previo de distribución de tráfico; al acercarte adivinas una serie de indicadores con nombres con letra pequeña que no consigues leer hasta que estás dentro, lo que te obliga, muchas veces, a maniobras circenses.

C, que hacía de copiloto, lo pasaba francamente mal: “Cuidado que te sale uno”, “atención con el que viene adelantando”, “hay carteles dentro, no se leen, entra despacio en la glorieta”, “a la derecha, a la derecha”…








Las ENTRADAS a los lugares arqueológicos y museos eran caras habitualmente. A ello hay que agregar la imposición, en algunos casos, de comprar entradas conjuntas para otros sitios que, normalmente, no tenías tiempo para visitar (o como en la Capilla Palatina de Palermo, que incluía el Palacio Real con la mitad de dependencias cerradas por motivos diversos). Para más inri, nos encontramos con la anulación generalizada de las entradas reducidas para mayores de 65 años (¡un palo!). El caso del acceso al Etna (funicular + autobús = 60€) fue sangrante.

 








Los APARCAMIENTOS públicos, sin ser excesivamente caros (con la excepción de Taormina y el Valle de los Templos), es un presupuesto a considerar. Talete, en Ortigia, costaba 10€ al día (noche), mientras que en Ragusa era gratis (al menos en octubre); la hora en zona azul (siempre incómoda) era variable, según poblaciones, desde 70 cts. Hasta 1€.







Las TERRAZAS de cafeterías y ciertos restaurantes incrementaban los precios, respecto a la barra en más de un 50%. Por ejemplo: en el Anticco Caffè Spinatto (Palermo); en la renombrada Focacceria San Francesco (Palermo) podías comprar en el mostrador y sentarte en las mesas próximas, habiendo pagado mucho menos que en la terraza; en la célebre Pasticceria Savia (Catania) una nota te advierte de que los productos adquiridos en la barra no pueden ser consumidos en las mesas (la diferencia de precio era muy acusada).

 



TOMAR UN VINO puede ser una grata experiencia; compartir un vino con una buena compañía, al final de la jornada, resulta un pequeño placer que se va incrementando con la calidad del ambiente y la magia del momento (si añadimos que Sicilia es tierra de vinos...). Una copa de vino, bien servido, costaba en una vinatería (o similar) 4-5€, pero acompañado de una muy buena tapa: patatas fritas o frutos secos, aceitunas aliñadas, un plato de canapés de tomate natural o un pincho tipo bocata,… En todas las ciudades nos encontramos (que no descubrimos; casi nunca se descubre nada) con alguna, como ya iré relatando. Total, un verdadero relax después de subir y bajar escaleras sin fin o pelearse con la macchina por aquellas poblaciones y carreteras. Iré facilitando los datos de los locales visitados, muchos de ellos considerados como restaurantes, otros como putia y todos ya descubiertos, como pude comprobar después en TripAdvisor.




La GENTE ha sido lo más mejor. Al margen de los dueños o empleados de los establecimientos de hostelería, que son parte interesada –pero que también podrían ser unos bordes-, la gente por la calle es muy atenta. Los sicilianos siempre atendían tus preguntas intentando ayudarte, hasta la persona más hosca no dudaba en responder a tu educada petición. Vivimos anécdotas muy humanas y simpáticas.




 Después de un extraño clima,
el otoño avanza sin tregua.
¡Feliz lluvia para la sequía!


No hay comentarios:

Publicar un comentario